Dentro de todo lo que su partida me enseñó, me quedó que el abandono no es el final, sino el comienzo.

Artículo por Santiago Quiñones

No cabe duda de que el mundo es una infinita paleta de personas, sonrisas, olores y expresiones. En este caso me voy a centrar en la variedad paternal. No significa que la maternal no me interese, simplemente la guardo para algo mucho más especial, en mi caso, es la más especial e importante. En fin, no quiero distraerme más en estos asuntos de explicar. El hecho es que hoy quiero contarles que he percibido una fuerte diversidad de padres, he visto padres buenos y padres malos, padres gorditos y bajitos, padres altos y corpulentos; padres de música y padres maestros. Debo confesar que me causa un poco de gracia observar a los padres inexpertos, más sin embargo admiro aquellos en los que recae toda su experiencia. También existen padres graciosos, padres de baile, padres pasteleros, y aquellos padres sin recelo. He visto cruzar la calle a padres protectores, y a padres temerarios, y también he visto padres que viven después de la muerte, y aquellos que mueren en nuestras vidas.

Luego está mi papá, es un tipo de padre híbrido entre el padre gracioso y el padre inseguro, no me cabe duda de que es un padre inexistente (río), y puedo asegurar que es un padre brillante, aunque él no lo quiera aceptar. Pero esa es una situación que ya no duele, de hecho me ha permitido ver el lado positivo de todo, inclusive hacia una realidad en la que debes ver a tu padre partir. Les confieso que he visto a muchos padres marcharse, lamentablemente muchos nunca podrán volver, no sé qué se sentirá, y puedo decir a todos los que saben de lo que hablo (porque de cierta forma yo no lo sé), lo siento. Por otro lado, sí comprendo la sensación de impotencia que surge al ver a tu padre partir, sabiendo que puedes volverlo a ver, pero él no quiere regresar. Y gracias a esto adopté un tipo de padre que enseña como consecuencia de su ausencia, y quiero comentarles de qué tratan estas enseñanzas, simples y sencillas, como todo en la verdadera vida. 

1. Me enseñó a ser independiente, sobre todo emocionalmente

Puede que no sea un magnate millonario, aún, o al menos ni siquiera dependo económicamente por mí, de todas formas maduré de una manera tan apresurada que me convertí en una persona con convicciones fuertes e inalienables, sé lo que soy, y sigo un proceso constante de cambios, que me permiten seguir descubriéndome a mí mismo, y cada vez estoy más seguro de lo que quiero hacer en mi vida, lo único de lo que tengo plena seguridad es que quiero que mis decisiones y acciones sean totalmente mi responsabilidad, así como las de mi papá lo fueron. 


2. Me enseñó a apreciar la verdad

Porque el que vive con la verdad vive feliz, y más que todo vive sanamente. Soy tan tonto que cada vez que intento decir mentiras me entra en el alma una sensación de culpa tan inmensa que tarde o temprano se me zafa e incluso me autoflagelo, y esto último infortunadamente, también me lo enseñó él. 


3. Me enseñó que amo a mi mamá más que a mi vida

Ahora sé que las mamás también son papás, porque durante muchos años mi madre ha forjado el doble papel, y no he visto nunca en mi corta vida algo más heroico y dramático. Mi madre es mi adoración. 


4. Me enseñó a perdonar

Y a perdonar me refiero a no guardar rencor, porque sin importar las acciones que él haya cometido, y que aún comete, me dio la vida, y se lo agradeceré todo el resto de mi existencia. 


5. Permitió darme cuenta que quiero ser papá

Y uno de los mejores. Quiero tener una banda de niños y niñas, una banda especial, igual de diversa a los papás. Me enseñó que tendré que cuidarlos y protegerlos más que a mi propia vida, porque después de todo, cuando eres padre tu vida ya no se trata de ti, si no de tus hijos. Lo más importante, es que los educaré tal y como él nunca lo hizo conmigo. 


6. Me enseñó a apreciar las relaciones

Con mis amigos, mi familia, mi pareja. Hoy sé que no hay nada más importante en nuestras vidas como seres humanos que el cariño, el amor, el respeto, la fidelidad, la lealtad, la honestidad e incluso los errores, pero existe algo mágico que siempre pasa desapercibido, y es la presencia. Hoy sé que el error no es que se haya divorciado de mi mamá, su error no fue irse lejos de nuestro lado, su verdadero error fue pensar que al haberse ido, nosotros nos olvidaríamos de él.

Fuente: Upsocl

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