Por Claudia León Graham

Disculpen mi ausencia, pero estaba de luna de miel.

Qué hermoso pensar que durará una eternidad, pero la realidad es diferente. Los paseos por la playa a la luz de la luna tomados de la mano, despertar con la luz del sol, vivir sin reloj en la mano siempre tienen un FINAL, como en los cuentos de hadas.

Y los que ya tienen casados algún tiempo no me dejaran mentir, después de esas dulces vacaciones, llega la ineludible realidad, el día a día conyugal.

Muchos no están preparados para esto, y los que llevamos la segunda ronda, al menos tenemos una idea, lo cierto es, que de un punto a otro, hay un largo camino de asperezas que se deben limar.

A veces me pregunto, ¿acaso inocentemente suponemos que todo será como pétalos de rosa? Sabiendo que venimos de entornos diferentes, con hogares diferentes, valores diferentes, ¿no se nos ocurriría que habrá situaciones donde no congeniarán nuestras ideas?

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Quien entra al matrimonio ignorando lo anterior, está en el grave peligro de enfrentarse a la desilusión, la cual puede conducirle a una posible ruptura.

Me gustaría dar algún secreto para que el choque sea leve, pero no existe. Así que hágase a la idea que lo tendrá, pero procure que no tenga un gran impacto y mucho menos daños colaterales; sin embargo, existe un valor que le puede aligerar el golpe emocional, me refiero al RESPETO.

Muy acertadas fueron las palabras del presidente Benito Juárez al decir:

“Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”

Generalmente nos quedamos solamente con la parte final del enunciado, pero él fue claro; entre los individuos como entre las naciones, es decir, comienza en el plano individual para llegar a uno global.

El RESPETO, “es la consideración especial que se le tiene a algo o alguien” y puede ser expresada con actos o palabras.

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Cuando se pierde el respeto, comienzan las fricciones en las relaciones interpersonales. Y el ser humano, como un ser social debiera practicar este valor en su vida diaria. Menciono algunos ejemplos:

  1. Respeto al prójimo: respetar los derechos de los demás y tratarlos con educación. La libertad de los demás en cuanto a sus ideas, creencias religiosas, etcétera.
  2. Respeto a la ecología: cuidar la naturaleza y no dañarla.
  3. Respeto a las leyes y normas sociales: obedecer lo que manda la ley, respetar las tradiciones o comportamientos que marca la sociedad.
  4. Respeto a uno mismo: respetar las ideas y valores propios.
  5. Respeto a las naciones: es evitar o propiciar caer en conflictos con otros países.

Cuando rompemos con este lazo de cordialidad independientemente del caso específico, ya sea en un entorno individual o global, causamos un conflicto.

La regla de oro dice: “trata a los demás como deseas ser tratado” y en esto se encuentra la clave de toda relación sana.

Los actos bondadosos (AB), mas las palabras amables (PA), mas el trato cortés (TC), son un reflejo de la consideración que tenemos por los demás, y si en un plano social se debieran practicar, cuanto más en una relación conyugal o familiar. Desafortunadamente, con frecuencia olvidamos este esencial ingrediente en la vida cotidiana.

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Es triste reconocer que el lugar donde existe menos respeto es dentro del seno hogar. La excesiva confianza nos hace olvidar que nuestra familia debiera ser el principal objeto de nuestra consideración. Cuán a menudo olvidamos hacer de nuestro hogar un lugar cálido, donde nuestros seres queridos se sientan cómodos y apreciados.

Ser una persona respetuosa no es algo que suceda de la noche a la mañana, es el resultado continuo de la anterior ecuación (AB+PA+TC). Y tendrá mejor resultado, si como padres lo enseñamos a nuestros hijos desde la infancia. El cuidado hacia la naturaleza, a los animales, el trato cordial a sus compañeros de clase, irá educando a nuestros niños para ser hombres y mujeres respetuosos de la vida y de los demás.

El RESPETO también se enseña con el ejemplo, en la actualidad sufrimos como sociedad de la violencia intrafamiliar. La diferencia de género, y otros problemas debido a que como padres, permitimos que nuestros hijos vean esos patrones de conducta dentro de nuestro hogar. Actos violentos, palabras altisonantes y un trato descortés vuelan dentro de nuestro hogar a puerta cerrada.

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Tenemos la obligación de romper dichos patrones que encadenan tales conductas, el remedio es sencillo, pero requieren de nuestro esfuerzo. Regalemos HOY un lugar de paz y tranquilidad para nuestros hijos, esta será la mejor herencia que les podamos dar a ellos, y a la humanidad.

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Comunicóloga, lectora hambrienta y soñadora infalible ✩