Por César Maya

Indudablemente una de las mayores preocupaciones de ciertas asociaciones y grupos ecologistas o ambientalistas, es la condición actual de la naturaleza.

En buena medida porque mucha de la afectación ha sido provocada por los humanos. Esto significaría que hemos fallado en el cuidado de nuestra “casa”.

Desde la obsoleta técnica de la quema y roza para ocupar tierras para el cultivo, hasta los accidentes en centrales nucleares, tenemos toda una gama de agresiones a nuestra tierra, a la cual muchos, con justa razón, la llaman la madre tierra. Ella nos da de comer, nos cobija, nos da refugio, y dicho de otra manera, nos cuida y nos tolera.

Sin embargo, los daños que le hemos causado, de pronto se vuelven en contra nuestra. Los expertos en asuntos climáticos nos dicen que muchos de los desastres llamados naturales, no lo son tanto, puesto que son el resultado de nuestra falta de respeto.

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Ahí están los deslaves provocados por la tala de árboles en zonas antes consideradas selvas, como en el estado de Chiapas. Y aunque la legislación mexicana prohíbe los asentamientos a las márgenes de los ríos o arroyos, de pronto vemos cómo la corriente se lleva desde animales, a casas completas. Con la consabida pérdida de vidas humanas.

Y por supuesto, en general, lo que ahora ha llenado páginas reales y virtuales, el cambio climático.

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