¿Te sucede con frecuencia que estás muy de malas y no puedes cambiar de humor? A veces tu mamá y tus hermanos te hacen enfadar cuando no se encuentran en la misma sintonía que tú. En otras ocasiones te sientes muy “depre” y no sabes cómo quitarte ese sentimiento, parece que nada más tienes ganas de llorar.

Pero no creas que realmente estás a merced de tus emociones. Tú las puedes controlar. Recuerda que nuestro cuerpo y mente son un mismo sistema. Es posible que cambies tu estado de ánimo a voluntad, ya sea mediante tu fisonomía o tus pensamientos.

Tú eliges

Una vez que te des cuenta del estado de ánimo en el que estés, pregúntate: -¿Realmente quiero cambiar mi estado de ánimo? –Si tienes resistencia al cambio, entonces piensa qué tanto te conviene seguir en lo mismo.

Y ya que te hayas decidido, tienes varias opciones para cambiar. Puedes utilizar el método que sea más efectivo para ti.

MODIFICA TU RESPIRACIÓN.

Deliberadamente comienza a respirar con lentitud. Tómate el doble de tiempo de lo usual para inhalar y exhalar. Respirar así, con profundidad, ejerce un efecto calmante porque altera la concentración de bióxido de carbono en tu sangre. También recuerda que la risa es una magnífica manera de cambiar tu respiración y siempre cambiará tu estado de ánimo.

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MUEVE TU CUERPO.

Los movimientos vigorosos son bastante útiles. Hacer ejercicio es excelente porque tu cerebro libera endorfinas, sustancias químicas que producimos de manera natural y nos hacen sentir bien.

RELAJA TUS MÚSCULOS, ESPECIALMENTE AQUELLOS QUE ESTAN ALREDEDOR DE TU MANDÍBULA, ROSTRO Y CUELLO.

Cada emoción tiene una tensión muscular y un patrón de respiración característicos.

CAMBIA TU VISIÓN.

La mayoría de los estados emocionales faltos de recursos se “cierran” y concentran en tu visión. Generalmente nos hacen mirar hacia abajo, ¿te has dado cuenta? Para contrarrestar esto, levanta los ojos; deja que tu visión se expanda y date cuenta de tu vista periférica.

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PIENSA EN UN BUEN RECUERDO.

La memoria es un acto creativo; es decir, pensar en una buena experiencia no es como buscar algo en un libro. Cuando busques recordar, alguna buena experiencia, asegúrate de formar parte de la misma, que se asocie contigo. Ve hacia fuera por medio de tus propios ojos y revive la experiencia en tu imaginación. Lo contrario, la disociación, es reconstruir una experiencia en la que no participas, limitándote a simplemente observarla. Debes tener cuidado y evitar esto, ya que no te ayudará a sentirte mejor. Es más, podría hacerte sentir aún peor.

TAMBIÉN CUANDO PIENSES EN UNA BUENA EXPERIENCIA, OBSERVA SI LA PUEDES HACER MÁS INTENSA CAMBIANDO LAS CUALIDADES DE LA MEMORIA.

Haz tu imagen mental más grande y brillante, los sonidos más fuertes o más suaves, y sé consciente del efecto que esto surte en tus sentimientos. La situación original era buena ya de por sí, y puedes hacer el recuerdo ligeramente cada vez.

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Te animo a emplear estas estrategias y comprueba que podrás diseñar tus estados de ánimo a la medida. Cada vez que tengas algo qué hacer, pregúntate:

¿En qué estado de ánimo quiero estar para hacer esta labor lo mejor posible?

Te deseo buena suerte, verás que tu experiencia diaria ya no será igual.

Colaboración

Miriam Benítez Mendoza

Licenciada en Administración Industrial

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