Fotos: Samuel Herrera Jr.

Mientras decidía sobre qué hablar con usted en este espacio, me topé con algo que me pareció realmente curioso. Resulta que el insigne poeta mexicano, Ramón López Velarde, aparece dos veces en la lista de efemérides correspondiente a esta semana del mes de junio. La razón de la doble aparición del afamado autor de Suave patria obedece a que este nació y murió precisamente en la misma semana aunque, claro está, no en el mismo año, sino treinta y tres después (15 de junio de 1888 – 19 de junio de 1921).

A 94 años de su muerte, reflexionar sobre este detalle me llevó a ver que lo más importante de su legado poético lo escribió un autor a quien hoy tendríamos que llamar joven (o, tal vez el preferiría que le llamáramos, usando su propia terminología, un “joven abuelo”), pues cuando López Velarde murió, ya había publicado La sangre devota (a la edad de veintisiete), Zozobra (a la edad de treinta y uno) y, por supuesto, Suave patria (dos meses antes de cumplir los 33 y morir). Excelente forma, sin duda, de aprovechar el tiempo.

Y ya que hablamos del tiempo, le confieso que a menudo he pensado en lo acertado de aquel adagio atribuido al poeta cubano José Martí: “Hay tres cosas que cada persona debería hacer durante su vida: Escribir un libro, plantar un árbol y tener un hijo”.[1] Siendo que la vida se pasa tan rápido, bien valdría la pena no solo preguntarnos si en realidad la estamos aprovechando, sino también cuán útil es el legado que estamos dejando al transitar por ella. De ahí que le proponga, que, mientras seguimos intentando legar algo que valga la pena, no dejemos de cultivar nuestra mente, ni de velar por el bienestar de nuestro organismo y de nuestro espíritu. Una atención equilibrada a estos tres niveles de nuestro ser, ciertamente nos permitirá valorar más algunos de los ideales plasmados en Suave patria, pero también nos ayudará en nuestra búsqueda por trascender a aquella patria de la que tanto habló otro talentoso escritor judío (Hebreos 11:14-16). Alguien que, por cierto, también supo aprovechar al máximo el tiempo de vida que tuvo.

 

Colaboración de

Dr. Alejo Aguilar Gómez

Universidad de Navojoa, Sonora

[1] Aunque algunos opinarían que, en realidad, lo difícil es criar a ese hijo, regar el árbol y que alguien lea el libro.

 

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