Los vientos invernales del lejano oriente escarchan a la sencilla sakura (flor de cerezo). Esta florece entre los meses de marzo y abril, antes que los frutos aparezcan entre las verdes hojas. Las flores blancas o de un rosa violáceo, son arrancadas por el viento cayendo cual rocío formando hermosas alfombras en los fríos jardines del Japón.

Parecieran nunca morir. Esto constituye todo un espectáculo. Tanto así que los habitantes salen a las calles para así poder presenciar los instantes en que se desprenden de los árboles.

La sakura es símbolo de fortaleza, antes que marchitarse en el árbol; justo en el momento de su máximo esplendor, cae, en digna muerte. A la manera de un legendario samurai, soportando las más bajas temperaturas se mantiene lozana y bella.

Esta experiencia me conduce a pensar en la resiliencia, algo tan difícil de pronunciar como difícil de vivir, ya que es la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas*.

La capacidad de afrontar los vientos invernales de los problemas, solo se da en personas que tienen el corazón semejante a una flor de cerezo. Aparentemente frágil por fuera, pero fuertes e inquebrantables por dentro.

Quienes poseen esta hermosa característica, son personas que se mantienen tranquilas o ecuánimes en las situaciones negativas más desafiantes. Que no caen en la desesperación, ni solamente llenan sus mentes de porqués. Más bien muestran una capacidad de resistencia, sabiendo que hasta las experiencias más difíciles o las más duras vicisitudes, enriquecerán su vida de manera positiva.

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Han sido personas a las cuales desde temprana edad, se les enseñó que, si sufren alguna caída, independientemente de la causa, lo importante es levantarse. La resiliencia no llega integrada en el chip de supervivencia del individuo, es más bien una especie de “vitamina” que se toma diariamente. Cada circunstancia negativa que nos afecta contribuye a fortalecer el sistema inmunológico contra desaciertos y decepciones.

La resiliencia es practicada por personas que florecen en medio de la adversidad, y como decía el Gran Emperador Chino:

LA FLOR QUE FLORECE EN LA ADVERSIDAD ES LA MAS RARA Y LA MAS HERMOSA DE TODAS**.

Esas personas saben que nada sucede sin ninguna razón, es probable que no entienden por qué pasan algunas cosas aparentemente injustas, sin embargo, se mantienen serenas.

Recuerdo que por circunstancias de la vida tuve que mudarme de norte a sur del país. Me acompañaban dos niños, un pequeño de año y medio y otro de seis. Con un matrimonio disuelto, dos niños bajo mi responsabilidad y con todos mis sueños rotos llegué a resguardarme a casa de mis padres. Con una carrera de contador público sin ejercer durante varios años, de pronto surgió una oportunidad de trabajo y la acepté. Necesitaba sacar adelante a mis pequeños así que no lo pensé dos veces. Pero cuando llegué a mi nuevo lugar de trabajo, con cuatro paredes llenas de carpetas, una computadora con un sistema desconocido y miles de trabajos pendientes por hacer, sentí temor. Confieso que de vez en cuando lloré entre el polvo de aquellos papeles, mientras intentaba encontrar las respuestas a lo que tenía que hacer.

Un día regresaba a casa con la tristeza reflejada en el rostro y mi padre, un hombre con una larga experiencia administrativa, me observó y me preguntó:

-¿Está todo bien en tu nuevo trabajo?

-Si… respondí.

Me miró como si supiera lo que pasaba. En ese momento realmente esperaba un abrazo, o alguna palabra cariñosa, pero solo me tomó de los hombros, me miró fijamente y me dijo:

-En estos momentos debes mostrar de lo que estás hecha.

Una vez terminada sus palabras me abrazó, me dio un beso y se alejó.

Entonces me pregunté: ¿de qué estoy hecha? Y decidí que sería de un roble. Cada vez que me levanto y me miro al espejo pienso y digo, ¡SOY DE ROBLE! Aunque también me gustaría ser una sakura.

Tal vez hay muchos valores difíciles de adoptar pero en verdad, la resiliencia es más que un mero concepto, es un estilo de vida en el cual cada persona puede “FLORECER” SIEMPRE.

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Es probable que en este momento usted esté pensando: ¡me gustaría desarrollar este valor pero no sé cómo hacerlo! Permítame compartir con usted algunas ideas al respecto.

  1. EL MUNDO NO ESTÁ EN CONTRA SUYA.

No albergue en su mente la idea de que todo lo malo le pasa a usted, pensando que su destino es el fracaso. Vea los problemas o las dificultades como circunstanciales; sólo son cosas que suceden, que le obligan a hacer cambios o adaptar sus planes u objetivos.

  1. HAGA UNA LISTA DE SUS BENDICIONES.

A veces nos enfrascamos más en nuestros fracasos que en las cosas que tenemos. De nuestra lista de cosas que anhelamos para ser felices, quizá se cumpla el 80% de nuestra lista, pero preferimos concentrarnos en el 20% que nos hace falta.

  1. AYUDAR A OTROS.

Recuerde que hay personas menos favorecidas que usted, con problemas más grandes que los suyos. Cuando piense en otros, dejará de pensar en los suyos propios. En verdad que, ayudar a otros causa una alegría interior y nos mantiene agradecidos con lo que tenemos.

  1. HACER EJERCICIO.

En nuestro cuerpo se guardan sustancias y toxinas nocivas. Aunado a pensamientos negativos, pueden provocar enfermedades, ya que nuestro sistema inmunológico se debilita con los problemas. Desheche lo malo, hacer ejercicio le mantendrá ocupado, relajara sus músculos y le favorecerá para un buen descanso.

  1. TOMAR BAÑOS DE SOL Y MANTENER LA CASA O EL LUGAR DE TRABAJO, ILUMINADO.

¿Sabía usted que el sol estimula los neurotransmisores? Estos controlan nuestro estado de ánimo. Los días soleados animan y dan alegría.

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Lo anterior no es una fórmula mágica, la vida está compuesta de cosas buenas y malas. Circunstancias o resultados de malas decisiones. La diferencia es cómo se las enfrenta.

Termino con esta frase de un padre a un hijo, citado en un guión cinematográfico muy conocido:

Te diré algo que ya sabes. En el mundo no todo es color de rosa, es un lugar mezquino y feo y por más fuerte que seas, la vida te pondrá de rodillas y no te dejará  levantar si es que la dejas. Ni tú, ni yo, ni nadie golpea tan fuerte como la vida. Pero lo importante no son los golpes que das. Si no lo que eres capaz de soportar sin bajar los brazos. Cuanto eres capaz de resistir, sin tirar la toalla. Así es como se gana. Si sabes cuánto vales, exige lo que te mereces. Aguanta los golpes y no comiences a señalar ni a él, ni a ella ni a nadie porque no estás donde quieres estar. Los cobardes hacen eso y tú no eres un cobarde, tu eres mejor que eso.”***

On the seashore

 

Colaboración

Claudia León Graham

Maestra en Administración


*Diccionario de la Lengua Española

**Fragmento del diálogo de la película Mulan de Disney

*** Fragmento del diálogo de la película Rocky Balboa

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