Por Alejo Aguilar

Mi amigo Andrés siempre había destacado en los estudios. Para nadie era extraño que él obtuviera el primer lugar en aprovechamiento, o que fuera designado como representante del colegio en diversos concursos de conocimiento y cultura general.

Sin embargo, un día las cosas empezaron a cambiar. Andrés, antes visto por sus profesores como un dechado de virtudes y hasta ejemplo de sus compañeros de clase, no era ya el mismo. Tenía dos nuevos amigos, y no pasó mucho tiempo antes de que estos llegaran a ser sus mejores amigos. Andrés empezó a distraerse y a platicar frecuentemente en clase (supongo que en su salón no había nadie así, ¿verdad?).  Y por su puesto, los maestros comenzaron a llamarle la atención frecuentemente, asumiendo que sus amigos  lo estaban “descarriando”.

Aunque probablemente ya lo hemos oído muchas veces, es verdad que, a partir de la adolescencia, una de nuestras mayores búsquedas es la de independencia emocional. Deseamos liberarnos de lo que piensan nuestros padres, y los adultos en general, de la forma en que ellos perciben lo que somos y lo que nos sucede. Por lo que la forma más lógica y común de hacerlo es transferir esa dependencia emotiva, sustituyendo así a los padres por los amigos.

Group of happy elderly men laughing and talking

Esto puede ser normal, lo que más nos interesa en esta etapa de la vida es ser aceptados no tanto en el círculo familiar, sino en el círculo del salón de clases o de las reuniones con los amigos.  Por lo tanto, admiraremos, y en su caso buscaremos, a personas cuyos rasgos de carácter cumplan con nuestras expectativas. En consecuencia, llegamos a identificarnos tanto con ellos que deseamos, también, parecernos a ellos. Además, estadísticamente hablando, no muchos creen que los logros académicos ocupen un “escalafón de honor” entre las cualidades que debiera tener una persona “agradable”.  Así que, es mucho más probable que yo me relacione con alguien, simplemente porque la paso bien con él y no porque sea la persona más brillante.

happy male friends at home

Sin embargo, tal hecho no tiene por qué ser negativo, depende de nosotros convertirlo en una ventaja o en una desventaja. Hace 2600 años, en la antigua Mesopotamia, hubo un grupo de jóvenes que supo manejar esta situación inteligentemente. La amistad que ellos tenían les sirvió de motivación y apoyo mutuo ya que habían entendido que ser diferentes no significa llamar la atención de manera artificial o rebelde. Eran amigos porque tenían cosas en común y caracteres afines. Pero también porque compartían las mismas aspiraciones y convicciones. Por ende, su amistad no era un fin en sí mismo, sino un medio. Sí, un medio por el cual se brindaban respaldo y camaradería, especialmente en las circunstancias adversas.

Por lo tanto, no sería sano ni natural evitar tener amigos, pero nuestros amigos no tienen por qué disminuir nuestro deseo de alcanzar la excelencia. ¿Por qué no ser precisamente un factor más que motive el desarrollo de nuestros propios amigos? Por cuanto un verdadero amigo está dispuesto a dar lo mejor de sí, tal disposición no puede influir negativamente a quienes más apreciamos.

group of guys outdoors

¿Y Andrés?  Bueno, aún sigue siendo mi amigo y sé,  por él mismo, que la lección que aprendió hace algunos años le ha servido, entre otras cosas, para ser más cuidadoso en la selección de sus amistades. Pero, sobre todo, le ha servido para decidir influir positivamente en aquellos con quienes se relaciona, ya que desea que sus amigos tengan éxito y está dispuesto, en la medida de sus posibilidades, a ayudarles a conseguirlo.

Sin duda, vale la pena tener un amigo como Andrés, ¡pero vale mucho más ser un amigo como él!

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