Te agradezco que siempre hayas estado para mí, incluso ahora desde allá en el cielo.

Te fuiste de este mundo una fría tarde en la que mi universo sufrió un quiebre que no me esperaba. Te fuiste un día en el que creía que jamás iba a perder a una de las personas que más he querido en toda mi vida. Te fuiste un día en el que nada jamás volvería a ser como antes. Te fuiste y emprendiste el vuelo hacia un mejor lugar. Hacia un lugar en el que al fin pudieses descansar después de haber vivido tanto.

Yo, aquí en la Tierra, a veces me pregunto qué habría pasado si las cosas hubiesen sido diferentes.Si aún estuvieses aquí. Sé que hubo momentos que no supe aprovechar a tu lado y que sí debí haber hecho, pero creo que siempre tuve esa inocente idea de que siempre estarías a mi lado y que, prácticamente, eras eterno. Y no fue así.

Sin embargo, aunque quizá ahora no pueda verte ni hablarte directamente, sé que estás a mi lado dondequiera que estés. Sé que estás apoyándome y haciendo lo posible por estar presente en el curso de mi vida mientras tú estás en el cielo. Y por eso quiero agradecerte.

Quiero agradecerte por cada palabra que demostraba toda esa sabiduría que tenías. Esa que no dudabas en compartir con los tuyos y que ahora se ha convertido en el legado más grande que nos pudiste dejar. Gracias por enseñarme tantas cosas. Por contarme tu historia y transmitirme ese amor por la vida que solías tener. Ese que te hacía recordar con exactitud cada momento que viviste y que tantas veces escuché cuando conversábamos tranquilamente mientras bebíamos una taza de té.

Fuiste, eres y serás siempre el mejor abuelo del mundo. El que me enseñó la sabia idea de que en la vida todo puede ser posible si te esfuerzas y eres responsable. Creo que llevo calcada la costumbre de mirar las cosas desde lejos. De analizar. De intentar comprender desde mi punto de vista cómo funcionan las cosas. Todo sin decir nada y siempre siendo yo misma. Ese es el valor que más debo agradecerte. Porque, a pesar de todo, siempre he sido la pequeña que te llenaba de orgullo, pero que seguía siempre tan aterrizada e inocente, sin ganas de dañar a nadie. Ni siquiera a los que me han dañado.

Sé que estás allá arriba mirándome y cuidándome de cada paso que doy. Sé que estás ahí para mostrarme la puerta que debo abrir. Sé que estás ahí para avisarme de las cosas que irán mal y de fijarme en los detalles que me permitirán alcanzar mis sueños. Sé que estás ahí para mostrarme la realidad y hacerme entender cuándo estoy haciendo mal las cosas. Sé que estás ahí para apoyarme y que jamás dejarás de hacerlo, aún aunque ya no pueda conversar contigo como antes.

Gracias por ser el mejor abuelo del mundo. Gracias por enseñarme tantas cosas. Gracias por hacerme ver la vida de otra manera. Gracias por ser tan noble, solidario, comprensivo y cariñoso. Gracias por heredarme esa capacidad de sonreír frente a los problemas y ese amor por la vida que te hacía tener alma de niño y disfrutar cada momento al máximo.

Gracias por haber existido acá en la Tierra. Gracias por ser mi abuelo.

Siempre.

Fuente: Upsocl

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