Hemos llegado a un mes en el cual la mayoría de las personas nos volvemos un poco más sensibles. Por eso deseo aprovechar para comentar acerca de los regalos.

A la mayoría de nosotros nos agrada mucho recibir obsequios, la sensación de desenvolverlos es muy bonita y emotiva.  Mientras lo hacemos, por nuestra mente pasan muchas imágenes de lo que puede haber dentro del envoltorio. Pero quisiera traer a colación la frase: “Es mejor dar que recibir”, y aunque estoy segura de que para la mayoría de nosotros esta frase es conocida, no sé cuántos hayamos sido capaces de llevarla a cabo de la forma más sincera, y al decir esto me refiero al hecho de haber dado un regalo sin esperar recibir algo a cambio.

Con este breve escrito quisiera resaltar la importancia de poder dar un regalo, pero no a algunos de nuestros familiares, amigos, compañeros de trabajo o conocidos, sino, por ejemplo, a algún niño de la calle; aquellos que difícilmente reciben algo en estas fechas y para los que quizás ni siquiera signifiquen algo en esta época.

La mayoría de los niños que vemos limpiando parabrisas en una esquina, haciendo malabares con unas pelotas, vendiendo chicles, haciendo trucos con fuego o simplemente pidiendo dinero, son pequeñitos que probablemente tuvieron que huir de sus casas o fueron lanzados de ellas. Esos niños cuya infancia no existe ya que deben preocuparse más por su supervivencia en las calles, donde hay un sin fin de peligros.

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Si bien podemos pensar y hacer cosas por estos pequeños todo el año, hago especial hincapié acerca de ellos en este mes, porque, como lo mencioné al principio, la mayoría de las personas somos un poco más sensibles en estos días, incluyendo a muchos de los niños en situación de calle.

Dar un regalo a estos pequeñitos no nos quita nada o muy poco; pero nos da mucho, como la satisfacción de verlos sonreír, jugar, comer, usar algo nuevo o simplemente recordarles que todavía siguen siendo niños y que hay quienes piensan en ellos.

En una ocasión, hace algunos años, mi esposo compró un paquete con varios cochecitos y en los semáforos donde nos deteníamos, cuando se acercaba algún niño, le obsequiaba uno. Para ser honesta, se nos hacía un nudo en la garganta al ver la expresión de felicidad, que tenían al recibir el pequeño obsequio. Hemos tratado de llevar a cabo esta acción especialmente en estas fechas,  no solo con los de la calle sino con los que viven en algún orfanato.

SP Philippines Dec 2013

Ojalá, que podamos dedicar un poco de nuestro tiempo a buscar regalos para los niños de la calle y hacerles vivir esa sensación tan bonita que se tiene cuando te dan algún regalo.

No olvidemos que podría ser el único regalo que reciban en toda su infancia y que la satisfacción de verlos sonreír será el mejor regalo que nosotros recibimos.

Colaboración

Arlette Gaona Pliego

Licenciada en Educación Preescolar

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